viernes, 17 de julio de 2020

Reflexiones: Libertad Esencial


LIBERTAD ESENCIAL

Peligrosas ideologías en las distintas épocas han pugnado por hacernos creer que el hombre es irremediablemente un “esclavo del sistema”, que nada puede hacer para auto determinarse frente a un conjunto de “oscuros poderes” que lo dominan y hacen de su libertad un sueño quimérico.

No importa si el sustrato de estas miradas es político, religioso o cultural, en definitiva su efecto es el mismo: anular el poder de la voluntad, lesionar seriamente la autoestima y convertir al individuo en tierra fértil para la acción de los manipuladores.

Parece obvio, pero la asimilación de éste credo no solamente domestica el compromiso social de las personas sino también, lo que termina siendo mucho más grave aún, anula la capacidad de emprendimiento individual: quien cree que nada puede hacer frente al dominio de otros… efectivamente nada hace.

Somos seres sociales, necesitamos vivir en comunidad, nos organizamos y creamos condiciones de convivencia con los otros mediante distintos mecanismos y somos regidos por creencias y valores propios de nuestra individualidad y también del entorno comunitario que nos contiene.

La vida en sociedad conlleva lógicas restricciones que aceptamos para poder integrar el cuerpo social y que establecen renuncias explícitas a nuestro libre albedrío.

También es cierto que en muchas circunstancias deberemos atravesar momento aciagos en los que el dominio de otros se vuelve opresor

Y hasta inclusive, también podría apuntarse que en muchas circunstancias nos vemos doblegados por el propio devenir de finas causalidades que escapan a nuestra comprensión y bien podríamos registrar en la columna de aquello que llamamos “destino”.

Pero ni aún en las peores circunstancias, cuando nada parezca poder ser controlable, podemos renunciar a nuestra libertad esencial, aquella que brinda la real naturaleza de nuestra humanidad: nuestra conciencia.

La libertad de conciencia y la acción que se desprende de ella es el último e irrenunciable reducto de nuestra esencia vital: no podemos evitar que la vida nos enfrente a momentos críticos e inevitables conflictos (muchos de ellos originados en el accionar de otros) pero siempre tendremos la elección de decidir qué hacer frente a esas circunstancias.

No es un elemento menor la firme creencia en nuestra libertad esencial, en nuestra capacidad para poder enfrentar las vicisitudes de la vida y poder actuar frente a ellas con decisión y valorizando nuestra autonomía: siempre es una falacia atroz refugiarse en la idea de que “nada puede hacerse”.

Sentirse dueño de las pequeñas elecciones que realizamos cada día es mucho más que un simple artificio intelectual para sentirnos mejor. Es una base esencial para poder edificar un camino de permanente superación personal.




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viernes, 10 de julio de 2020

Reflexiones: Aprendizaje


APRENDIZAJE

Empecemos con una obviedad: aprender no es acumular información… El aprendizaje es el proceso mediante el cual adquirimos conocimientos reales, desarrollamos habilidades a partir de ellos y cultivamos aquellas actitudes que nos permitirán mejorarnos como personas y poder proyectarnos hacia fines superiores.

El aprendizaje es la raíz de la evolución y el progreso personal en todas las facetas de la vida y es un camino claramente delineado para transitar en la búsqueda de aquello que solemos llamar “felicidad”.

Podemos aprender mediante el estudio formal, pero invariablemente el mismo solo nos será útil si lo nutrimos de la cuota necesaria de vivencias que permitan forjar nuestro carácter.

Aprender nos hace crecer como personas y un beneficio adicional de ello es que, si somos lo suficientemente sabios, eso también ayudará al crecimiento de quienes tenemos alrededor.

La buena noticia, es que somos seres intrínsecamente preparados desde nuestra misma concepción para encaminarnos en esta maravillosa senda. Si permiten  alumbrar un bizarro neologismo “somos bichos aprendedores”…

Claro, para que esto ocurra y podamos aprovechar el inmenso potencial que esta condición natural nos brinda, debemos poner nuestro esfuerzo para superar otro impulso interior, también natural, que nos limita recortando muchas veces nuestras posibilidades de aprender (una nueva paradoja de esa curiosa constitución que tiene nuestra humanidad).

Para aprender algo, necesariamente hay que “moverse” y con la misma fuerza y en permanente disputa, en nuestro interior anidan fuerzas que nos impulsan al mismo tiempo a generar ese movimiento, pero también a “quedarnos quietos”.

Nuestros miedos, son los cabales representantes de estos últimos impulsos, componentes esenciales de nuestra supervivencia por su rol protector, van formando una armadura que nos resguarda de muchas de las amenazas del mundo exterior, pero que también nos impide muchas veces crear oportunidades para nuestro progreso, manteniéndonos en una “zona de comodidad”.

Esa  permanente tensión interior entre nuestros miedos y los impulsos de cambio constituye aquello que habitualmente denominamos “crisis”.

Nuestras crisis no son otra cosa que aquellos momentos de extrema angustia que afrontamos en ocasiones en las que nuestro estado actual no nos satisface plenamente, pero aquellas cosas que imaginamos que podrán modificar dicho estado, nos resultan demasiado atemorizantes por los riesgos que creemos que implican.

A la larga esta situación nos paraliza y los términos de la misma tienden a exacerbarse: la insatisfacción actual es cada vez mayor y los riesgos del cambio se ven cada vez más grandes, con lo cual la angustia se acrecienta.

Solamente cuando somos capaces de romper el equilibrio entre ambas sensaciones, podemos decir que “superamos la crisis” y, en definitiva, que hemos aprendido.

A todos nos disgusta esa sensación de tener que afrontar una crisis. Y, de nuevo tenemos aquí “buenas y malas noticias”… Empecemos en este caso por las últimas: la vida del ser humano es una permanente sucesión de crisis: nacer es un momento crítico y morir también, todo lo que ocurre en el medio está jalonado de este tipo de situaciones y las necesidades de superación de ellas (por desagradable que sea). Eso se llama “crecer”…

La buena noticia, y valga como dulce contrasentido, es exactamente la misma: la vida es una permanente sucesión de crisis, ese es el gran desafío y la maravillosa aventura, que un fino entendimiento nos permitirá en definitiva llegar a disfrutar.

Tal vez esa es una de las principales bases de la comprensión profunda del hombre sabio.

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Reflexiones: Autonomía y Motivación


Autonomía y Motivación... El sentido de un liderazgo verdadero en momentos de crisis

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